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Sentirse en casa

Sentirse en casa en cualquier lugar es un síntoma de tu despertar. Eres consciente de que tu casa eres tú, y que allí donde te encuentras, es el único lugar posible en el que estar.

El ajetreo de la vida cotidiana te hace perder el centro constantemente sin darte cuenta, ¿verdad? Un centro que se encuentra en ti mismo y del que empiezas a salir demasiado pronto, en una infancia con necesidades emocionales que, en tu familia, generación tras generación, no supieron atender, y veremos que esto era necesario.

Quizá te reconforte saber que estos retos que en apariencia te desvían de la vida, te hacen perder el tiempo o piensas que boicotean tus deseos, son las señales inequívocas que te van a conducir a tu vida real. Paradójico, ¿verdad?

Una mente necesitada, es decir, que piensa que le falta algo para estar completa, actúa como un parásito de nosotros mismos y de los demás, te roba lo único que tienes, este momento, sabotea tu atención y te lleva a enfrentarte una y otra vez a los mismos problemas, no avanzas y tu frustración te corroe. ¿Por qué se repiten los mismos patrones con diferente rostro?

En realidad, este es uno de los mecanismos que conoce el ego para que te encuentres con la realidad, te enseña tu dolor a través del mundo visible para atraer tu atención y que puedas atenderlo. Su forma de comunicarse contigo es la metáfora, una metáfora que se representa en el escenario de tu propia vida, en ese espejo tan fiel de ti mismo. No esperes recibir un correo electrónico de tu mente diciéndote lo que lo que te ocurre y cómo solucionarlo.

Estos mensajes de la mente sólo los interpretarás de la forma correcta cuando tengas la certeza de que lo que te ocurre no es personal, que en realidad no va dirigido a ti, nunca lo fue, tú sólo eres un medio de expresión de algo que necesita ser expresado y comprendido por la mismísima realidad.

Entonces entiendes que necesitas salir del estado de víctima en el que te habías enfundado, y te haces responsable de la situación que es como es por encima de lo que tú pienses que es. En ese momento descubres que eso que ves es tu hogar, aunque se encuentre en ruinas y desordenado, es lo que tiene que ser porque no puede ser de otra forma. Darse cuenta de esto es el comienzo de todo. Desde este no-lugar y no-tiempo empiezas a crear un espacio seguro que se parece al famoso horno de los alquimistas, desde allí resistirás cualquier temperatura, por alta que sea. Allí sucede todo lo que tiene que suceder para que tus procesos tengan lugar, maduren y te transformen en quien has venido a ser, dando como resultado una vida en la que puedes sentirte alegre de habitar, porque por fin Es.

El ermitaño 2